La historia hasta ahora
Mi nombre es Gimena. Tengo 30 años. Me gusta madrugar, hacer deporte, el buen café por las mañanas y el orden. Tengo que admitir que tengo muchísimas manías raras: colgar la ropa con las pinzas del mismo color, la cremallera de los cojines siempre tiene que estar hacia abajo, los libros ordenados en orden alfabético,... Es lo normal, verdad? Me encanta la sinceridad. La verdad siempre, aunque duela. Y así comienza mi historia, pasándome de sincera. Le dije a mi jefe que le había visto liarse con Maria en el office y no sabéis como se puso. Me despidió el muy cabron!! En el fondo me alegré. 5 años aguantando a un rubio asqueroso, amantes de los coches caros y deportivas de edición limitada. Le salvaban esos ojos verdes en los que te podías perder horas y horas cuando nos daba sus charlas de i+d+i. Anda Rubén, que no sabes qué fichaje te pierdes. El caso es que al darme el finiquito aluciné con la cantidad de dinero, así que llené la maleta de ropa y me fui a París, a encontrar el amor. Lo que no esperaba era encontrarme con el allí.
Lo vi antes de que él me viera a mí. París estaba húmedo, brillante, con ese aire de película que te hace sentir que todo va a cambiar. Yo arrastraba la maleta por una calle estrecha del barrio del Marais cuando levanté la vista. Y ahí estaba. Rubén. Apoyado en la puerta de una cafetería, como si la ciudad le perteneciera. Sin traje de oficina, sin el despacho, sin la distancia que siempre lo hacía inalcanzable. Solo él, el mismo problema de siempre, pero ahora fuera de contexto. Mi corazón hizo algo que no estaba en mi rutina: desordenarse. Pensé en dar media vuelta, en fingir que no era él, en seguir con mi vida nueva, perfecta, sin jefes ni rubios insoportables. Pero entonces él giró la cabeza. Y me vio. La sonrisa le apareció despacio, como si ya supiera que yo iba a acabar allí desde el principio.
-Gimena, que grata sorpresa! Qué hace una chica como tú por las calles de París? - Pues gastarme el dinero que me ha dado tu empresa - le solté sin pensarmelo dos veces - y tu? Como así te ha dado por venir a París? - La verdad? Encontré un folleto de París en tu mesa del despacho cuando te fuiste...y me entraron ganas de venir. Además, si podría encontrarme contigo me parecía más divertido. Divertido!? Pero este tio de qué va? Ni que estuviera jugando a buscar a Wally conmigo. La verdad que nuestro amigo Rubén está de buen ver fuera de la oficina. - Te invito a cenar, asi hacemos las paces. Te parece bien? A cenar!!?? Y yo que le digo ahora??
Le mire con recelo, no sabía bien de qué plan iba. Verlo en ese ambiente me estaba trastocando y tenía la sensación que iba a ser un problema. – Vamos, que no muerdo. Conozco un bistró no muy lejos de aquí, nada del otro mundo, pero la comida está de muerte. Me quedé callada un poco más, pero al final cedí: – No me voy a negar a una cena gratis en París – dije sin mucho entusiasmo, aunque dentro de mi, mi corazón empezó a latir con fuerza, de gran emoción. Quedamos a las 7 en la dirección del bistró, "¿Y yo ahora que me pongo?" Los nervios empezaron a asomar. Quería que me viera despampanante, pero sin que se notara que me había arreglado por él...