El rugido de la real
Deportivo Escritura · R2

El rugido de la real

Una historia colaborativa por Odei

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La historia hasta ahora

—¡Mikel, a calentar! —bramó el míster, con la urgencia grabada en el rostro mientras señalaba la banda. ​Por fin. El corazón le dio un vuelco y el estómago se le cerró de golpe; esa sensación de vértigo que precede a las grandes gestas. Llevaba toda una vida aguardando ese instante. Desde que pateaba el balón en la arena de la Concha soñando con vestir la elástica txuri-urdin, Mikel solo había tenido un norte: el primer equipo de su ciudad. ​La Real Sociedad. Un club que es más que fútbol; es herencia, fidelidad y el orgullo de un pueblo. Años de madrugones para ir a Zubieta, de oler la hierba mojada bajo la lluvia incesante y de entender que el escudo se lleva en el alma antes que en el pecho, estaban a punto de cristalizar. ​El calentamiento fue un borrón de adrenalina. Trotaba por la banda mientras el eco de los cánticos de la grada Zabaleta le envolvía como un abrazo familiar. Cada segundo de espera, hasta que el balón finalmente salió por la línea de banda, se le antojó una eternidad de suspense. ​Entonces, el cuarto árbitro levantó el cartelón. El número de Mikel brilló en verde bajo los focos del estadio. Al cruzar la línea, Anoeta estalló. Mikel saltó al verde entre un mar de aplausos y vítores, sintiendo el peso de la historia y el calor de una afición que sabe cuidar a los suyos. El niño que soñaba con el "Txuri-urdin maitea" acababa de convertirse en hombre sobre el césped de su vida.

Ese fue el día que debutó como jugador profesional. No hubo gol ni titular, pero sí algo más importante: la certeza de pertenecer. Aquella noche apenas durmió, reviviendo cada segundo, entendiendo que no era el final, sino el principio. Los meses siguientes fueron duros. Minutos escasos, dudas, aprendizajes desde el banquillo. Pero no soltó el sueño. Poco a poco, dejó de ser “el chaval” y empezó a hacerse un hueco. Ganó confianza, presencia y voz en el campo. Hasta que llegó otro día distinto. El vestuario en silencio, la tensión en el aire, el túnel iluminado al fondo. Y entonces volvió a sentirlo. El mismo vuelco en el pecho, el mismo nudo en el estómago. Lo sintió al entrar como titular el día de la final de copa frente al Atlético de Madrid en La Cartuja de Sevilla. -Goazen ekipo! -Dijo mientras se escuchaban los vítores del estadio.

Noraus
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