La historia hasta ahora
Dicen que antes de que existieran las historias, ya había algo que las guardaba. En algún lugar olvidado, una pequeña semilla empezó a crecer, alimentándose de recuerdos, cuentos a medio terminar y palabras sueltas que nadie llegó a contar. Con el tiempo, esa semilla se convirtió en TaleWarden, un árbol capaz de conectar historias de todo el mundo. Sus ramas se extienden más allá de lo que se puede ver, y en sus hojas viven relatos diferentes. Cada persona que comparte una historia hace que el árbol crezca un poco más.
Pero siempre que se tiene algo, hay alguien que lo anhela. A su sombra crecía otra semilla, una semilla que la envidiaba, una semilla que quería esas historias.
A medida que TaleWarden crecía, lo hacía también esa oscura semilla que, de semilla pasó a planta, y de planta a árbol. No pasó mucho tiempo fino a cuando se empezó a notar su influencia: la semilla oscura alteraba el contenido de las historias, enfrentando a protagonistas o generando discordia entre oyentes e interlocutores. Aunque la mayor parte de las personas desconocía de su existencia, los pocos que eran sabedores de ella, lo comenzaron a llamar TaleBreaker.
A raíz de la discordia generada por TaleBreaker, algunas de las hojas de TaleWarden empezaron a oscurecerse hasta terminar siendo totalmente negras y desprenderse de éste. Cada hoja caída era un fragmento faltante de una de las historias que TaleWarden protegía, era la pérdida de una memoria colectiva. Los habitantes de los pueblos cercanos empezaron a recopilarlas, ya que a pesar de separarse de su todo nunca terminaban por desaparecer. La esperanza del pueblo era conseguir volver a unirlas, pero sin saber cómo. Es entonces cuando un pequeño grupo empezó a encontrarle sentido a esas hojas caídas y empezaron a debatir sobre el orden en el que deberían tratar de devolverlas a TaleWarden. Empezaron a llamarlos los Guardianes de los Fragmentos, reconstructores de TaleWarden.
Pero no todos los fragmentos querían ser salvados. Algunas hojas, ennegrecidas por completo, susurraban cosas distintas a cada persona que las sostenía. Promesas. Finales alternativos. Poder sobre las propias historias. Uno de los Guardianes, Eder, empezó a apartarse del grupo. Decía que estaban equivocándose. -No hay que reconstruirlas como eran -insistía-. TaleWarden no debe volver a ser el mismo. Las discusiones crecieron. Dudas. Sospechas. Una noche, varias hojas desaparecieron. A la mañana siguiente, encontraron a Eder bajo las raíces del árbol. Sus ojos, oscuros como tinta. En sus manos, fragmentos unidos… pero retorcidos. Las historias que devolvía ya no encajaban. Y en la distancia, el susurro de TaleBreaker sonaba cada vez más fuerte. Porque ya no estaba solo.
TaleBraker había corrompido a Eder, con falsas promesas de estar ayudando a la gente con sus historias. Sin saberlo, estaba destruyendo el árbol que quería proteger. El resto de guardianes intentaron sin éxito sacar a Eder de su ensoñación, pero él seguía retorciendo las hojas caídas, sin ser consciente. "Sigue así Eder, solo así salvarás el árbol y sus historias" le susurraba TaleBraker. En ese momento una de las raíces de TaleWarden empezó a moverse, buscando la mano de Eder. Al tocarle, la raíz comenzó a vibrar y el guardián gritó.
El grito del guardián aún resonaba cuando el aire del claro cambió. No se apagó de golpe: se hundió en la tierra, como si las raíces lo estuvieran absorbiendo. Eder seguía de rodillas, con la mano marcada por el contacto de la raíz, respirando entrecortado. La vibración no cesó. Ahora era constante, como un pulso que no venía solo del árbol, sino también de los fragmentos que sostenía. Las hojas retorcidas dejaron de resistirse un instante, como si algo en él hubiera abierto una grieta. El susurro de TaleBreaker volvió, pero distinto: más cercano, menos seguro. El suelo crujió. Las raíces oscuras se tensaron alrededor del claro, sin avanzar. Eder levantó la cabeza, aún desorientado. Y por primera vez, no parecía estar siendo guiado… sino escuchando. Pero lo que escuchaba no venía de TaleWarden. Venía de ambos árboles al mismo tiempo.
Eder cerró los ojos y apretó los fragmentos. El latido crecía dentro de él. Una voz suave, distinta al susurro oscuro, le habló desde lo profundo: “Recuerda”. Imágenes de historias completas pasaron por su mente, cálidas y claras. Sus manos dejaron de temblar. Las hojas retorcidas empezaron a ordenarse solas, como si encontraran su lugar. El susurro de TaleBreaker se quebró por un instante. Eder abrió los ojos. No estaba libre, pero ya no estaba perdido. Y el árbol… había empezado a responder.
Eder miró sus manos y vio que ya no estaban tan oscuras. Sentía miedo pero también un poco de esperanza. Los otros guardianes se acercaron despacio, sin saber si confiar. Una hoja brilló débilmente. Eder habló bajito: “Creo que aún puedo ayudar”. Pero en el fondo, el susurro no había desaparecido del todo
Una brisa extraña recorrió el claro, moviendo las hojas caídas como si respondieran a algo invisible. Eder respiró hondo, sintiendo aún el susurro en su mente, pero ya no lo dominaba. Cada hoja que tocaba reaccionaba a su pulso. Los Guardianes comenzaron a acercarse, guiados por ese nuevo latido. No era solo el árbol quien hablaba: era la unión entre memoria y elección. Y Eder comprendió que salvar las historias no sería reconstruirlas… sino decidir cuáles merecen volver.
Los guardianes comenzaron a observar bien el árbol y sentían que había hojas que les llamaban, historias con luz que podían guiar a las demás historias, hacer que la gente se emocionara a seguir contando e imaginando. Fueron tocando esas hojas y algo empezó a cambiar. El aire cambió, olía a esperanza y felicidad. TaleBraker también lo sintió y la rabia por ver que su plan se estaba desmoronando fue creciendo. Estaba perdiendo la batalla de las historias y no lo podía permitir